domingo, 21 de diciembre de 2014

LA FICCION



Es la imaginación llevada a lo inconcebible, de manera que navega por las aguas turbulentas  de océanos desconocidos en busca  de  puertos inexistentes, es ilimitada y expande los sentidos haciéndolos divagar por las regiones ignotas, elementos sin juicio y situaciones fuera de control, es   producto de la inquietud de la mente que habida de obtener conocimientos y solución a problemas reales, se hunde en el laberinto de sus intrincados meandros para sacar de depósitos ocultos las conjeturas más inverosímiles de hechos irrealizables.

La ficción supera las barreras de lo imposible, avanza por encima de los límites de la ciencia, abandona la camisa de fuerza del pragmatismo  y construye los puentes para unir los sueños con la realidad.


 La ficción manifiesta el anhelo de cambios en todas las estructuras existentes, es clamor de quienes encarnan  la necesidad de la re-ingeniería de todos los procesos conocidos, ella denota el rechazo  a todos los modelos  presentes y el deseo insatisfecho  de la superación de todo estereotipo impuesto por los que ejercen control e influencia en la sociedad contemporánea.

De manera que  ni de lejos son ideas de mentes empolladas y que habiendo desarrollado  un cuadro febril, y alterado por la alta temperatura de sus neuronas, han caído en el estado de espejismos alucinantes y en el caos de la demencia incontrolada.

La ficción es el reflejo de la grandeza de la mente y de lo infinito del pensamiento humano, es ella la expresión, que más grande e infinito que la mente humana solo es Dios, quien es su diseñador y creador.

La ficción te permite crear mundos nuevos y fuera de toda influencia tendenciosa de la esfera terrenal y en ella se puede idealizar todo lo que la capacidad creativa sea capaz de imaginar, es indudable que es un escape a la crudeza de la realidad existente, pero también un mecanismo que impulsa a la humanidad a la superación de las etapas y la consecución de mejores opciones para vivir.

Pero forzosamente debemos aterrizar en el aeropuerto de la realidad, y aunque sea cruda, dura y descarnada, esa es la que no tiene escape, pero es susceptible de cambios y estamos en la obligación de hacerlos para que la vida sea más amable y más fácil de llevar.

Por el pastor: Fernando Zuleta V.


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