martes, 30 de agosto de 2016

UN ANCLA LLAMADA: PASADO


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  • No esperes que la furia de las bajas pasiones arrebate de la mente la sindéresis y la calma, porque te arrastrara como el torbellino solo dejando una estela de desolación y ruina.

  • Cuando el corazón domina todas sus decisiones van en procura de oscuros presagios, porque su tendencia es perturbadora y maledicente, cuando el cerebro controla, da cavidad a la razón y al entendimiento.

  • Las decisiones viscerales son intemperantes, las del cerebro son pensadas y evaluadas.

  • El cerebro controla la mente, el corazón acicatea las vísceras. Hacer la guerra es una acción visceral, crear la paz es una decisión de la mente y el espíritu.Comenzar la guerra es un estado intermedio de locura, permanecer en ella es la demencia absoluta.

  • Los recuerdos infaustos y el pasado tenebroso, no son los que deben señalarnos el camino, sino los cambios que hagamos hoy, para que el mañana sea distinto y  la historia que contemos halagüeña y grata. No debemos quedarnos anclados en el pasado eso impide los  cambios, la evolución de las ideas y el desarrollo de los pueblos.

  • Un recuerdo doloroso unido a la falta de perdón es un lastre que impide que podamos salir a flote y no vale ningún esfuerzo por poderoso que sea, siendo el final las profundidades marinas, al acabarse la fuerza y la resistencia para sobrevivir.

  • Hoy tenemos que hacer la historia, de manera que si queremos contar una crónica épica, tenemos que producirla en el presente, todo lo que hagamos hoy es historia para contar mañana, la pregunta es ¿estamos haciendo merecimientos para que la historia sea diferente? ¿O con simpleza indiferente nos aferramos a la repetición de la barbarie del pasado?

  • Todas las guerras tienen que terminar, algunas porque hay vencedores, otras porque se hacen convenios y se firma la paz, pero ninguna puede permanecer indefinida en el tiempo y el espacio y cuando se presentan opciones para terminarlas, son oportunidades que no se deben despreciar, porque en esa coyuntura no hay perdedores, ni vencidos, sino que todos somos ganadores.

  • Siempre perdemos con la guerra y siempre ganamos con la paz, la guerra la tasa el vil dinero, la paz no tiene precio, así es que tener la paz sobrepasa cualquiera sea la magnitud de las riquezas físicas, porque no es un bien valorable en términos monetarios, su costo se mide en alcances espirituales contra los cuales no hay ley que los pueda impedir o regular.

  • Decir si a la guerra es bajar por la pendiente sin freno, ni control a las profundidades del abismo tenebroso y sin fin, decir si a la paz es ascender volando al infinito con la libertad para conquistar el inconmensurable espacio que nos circunda. ¡Es tu decisión!

  • Por  el pastor: Fernando Zuleta V.
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