domingo, 28 de agosto de 2016

PAZ Y ODIO.



Solo los que han padecido los efectos de la guerra, esperan con ansiedad la paz, es muy fácil disentir cuando la consecuencia de la barbarie no ha tocado y han pasado de lejos en sus vidas, con seguridad todos los que se oponen a la paz lo hacen solo por dos razones:
1. Nunca han sufrido en carne propia los horrores de la guerra
2. La mezquindad espiritual les impide perdonar las ofensas.

En cualquiera de los dos casos no hay sentido común, parece que su consigna tiene que ver con el odio y no con la razón, en el primer caso es un egoísmo ilimitado, porque no consideran el sufrimiento ajeno y solo quieren que se cumplan sus ideas fantasiosas de lo que significa la justicia, en el segundo grupo están preocupados por hacer justicia con sus propias manos y desean por todos los medios aplicar la ley de talión, de la cual dijo el llamado apóstol de la paz ,Gandhi:  "ojo por ojo y el mundo se quedará ciego."

El odio es una pasión enfermiza que si llega a tomar el corazón lo convierte en rehén para usarlo como escudo contra todo lo que tenga el significado valores humanos, allí no hay albergue para ninguna acción sensible  que pueda convencer a la conciencia para que habrá la cárcel donde está confinada la sensatez y la cordura.

En estos casos la  conciencia se ha cauterizado, convirtiéndose en insensible, incapaz de impresionarse por  el clamor de quienes agobiados por la tragedia de la guerra suplican por el término de la demencial confrontación.

Son hijos de la cicatería, herederos de la feroz oposición a todo lo que se derive de la razón y el sentido común, han levantado vallados inexpugnables para impedir que entren las buenas acciones y se operen los cambios que reemplacen la guerra por la paz, el odio por el perdón y la armonía por la desazón.

No están usando las oportunidades que da la vida de cambiarla la historia de horrendas pesadillas, por sueños de libertad sublime, la guerra no admite justificación y la paz no permite opciones: cito de nuevo al gran Gandhi: NO HAY CAMINO PARA LA PAZ, LA PAZ ES EL CAMINO.


Por  el pastor: Fernando Zuleta V.

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