miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA ORACIÓN (Continuación 6 parte)



La oración trae paz y armonía al espíritu, porque nos hace recibir de la presencia de Dios la seguridad y confianza total en El.

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.(fil. 4:6-7)

El mejor método para vivir confiado en medio de las habituales tormentas de la vida es estar en estrecha relación con Dios, y esa relación se hace manifiesta en una oración constante. No aparece en la Biblia la promesa  de no tener dificultades, al contrario en muchas partes de ella habla sobre ese asunto, como lo expreso sin tapujos el Señor: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Jn. 16: 33).

La oración no es para librarnos de la presencia de obstáculos en la vida, sino para darnos la capacidad para soportar hasta vencer. Es orando que alcanzamos el máximo de capacitación para enfrentar con éxito las tempestades que se levantan y amenazan con arrasarnos. Los vendavales vendrán, pero por mucha reciedumbre con que se manifiesten, jamás podrán movernos de la roca inconmovible, que es Cristo.

La oración produce fe y esperanza, la fe para creer en lo imposible para el hombre, pero decretado por Dios y la esperanza para tener aguante hasta que Dios cumpla sus promesas.  La fe y la esperanza hacen un binomio que tiene como finalidad proveer al creyente de herramientas espirituales para pasar por encima de las dificultades hasta vencerlas.

Es bueno entender que lo que Dios  decreta, esta hecho, pero como somos incapaces de ver el futuro, ni somos omnipresentes, tenemos que esperar hasta que el tiempo muestre el momento tangible y de esa manera disfrutar de la realidad concreta.

Por medio de la oración nos sumergimos en las profundidades de la vida espiritual, impidiendo que las marejadas y turbulencias de la superficie nos causen  daño o perjuicio. Es bueno tener en cuenta que todos los huracanes y tsunamis se forman  en la superficie marina, el que este, en un submarino, entre más profundo se encuentre, menos se apercibirá de las  violentas y destructivas fuerzas que  amenazan con destruir todo a su paso arrollador.

Si queremos salir indemnes de todo ataque  de fuerzas poderosas demoníacas, debemos estar sumergidos en la vida del espíritu, porque allí le está vedado llegar a los enemigos de nuestras almas.

Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra: Mas a ti no llegará.(salmo 91:7)

Tal vez a nuestra izquierda veamos caer miles de muertos; tal vez a nuestra derecha veamos caer diez mil más, pero a nosotros nada nos pasará.(salmo 91:7. Lenguaje actual)


Por el pastor: Fernando Zuleta Vallejo

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