martes, 19 de septiembre de 2017

¿AMOR, DE QUE AMOR ME HABLAS?




No te aflijas porque llega la noche, porque en la oscuridad es que brillan las estrellas. Si no existiera la oscuridad no disfrutáramos de la luz. La bóveda celeste iluminada por miríadas de estrellas resplandecientes, constituye un espectáculo de belleza inigualable, por eso es que los cielos cuentan la gloria de Dios y manifiestan su sabiduría.

Ante la magnificencia de los astros siderales se congregan los poetas para expresar sus sentimientos y hacer odas al amor. Son inspirados ante lo deslumbrante de tan esplendida manifestación de belleza incomparable, acuden a sus mentes adecuadas para la lisonja torrentes  de ideas especulativas, pero carentes de  auténtica veracidad.

Hablan de la infinitud del amor, al mirar extasiados lo inconmensurable del cosmos que se manifiesta ante sus ojos indescifrable.  Entienden el amor como avalanchas de hormonas voluptuosas que se precipitan por el torrente sanguíneo como manadas de gacelas que huyen despavoridas por el ataque furtivo de bestias sanguinarias que amenazan con devorarlas.

No pueden diferenciar de la pasión que enerva los sentidos y  la verdad que fluye del Espíritu de Dios que ordena que vivamos en paz y en armonía como demostración práctica de la realidad del amor.

Ven en el amor la satisfacción de todos los deseos de la apetencia carnal y extrañamente ignoran que la verdad del amor se dibuja en una cruz, donde el sacrificio de Cristo convirtió el cuadro devastador de la pena de muerte, por el paisaje libertador de la salvación y la vida eterna.

¿Acaso no es expresión del verdadero amor socorrer al niño macilento que toca la puerta con su rostro demacrado por el hambre y las huellas delatoras de su agonía en los pálidos reflejos de su debilitada anatomía?

Que preguntaremos. ¿Quién es tu padre? ¿Quién es tu madre? ¿O abriremos el corazón, antes que el cerrojo de la puerta, para invitarlo a saciar su hambre?

¿Tendrá ese imberbe la responsabilidad por la angustia de vivir, en este mundo indolente y sin compasión?

No me hables del amor, si no tomas como propia la desventura de tu prójimo, el amor no son palabras y buenos deseos, son acciones tangibles que se hacen visibles haciendo en la práctica todo por los coterráneos.

Dejemos que los poetas sigan hablando de pasiones, pero los hombres reales no hablan de trivialidades, sino que ejecutan en el tiempo real las intenciones del espíritu, haciendo que la gloria de Dios se vea refleja en hechos y no en suposiciones.

Causa escalofrió oír hablar de amor, a todos aquellos que se deleitan viendo el sufrimiento ajeno, han llegado a ser tan cínicos, que siendo capos de la droga, construyen lugares de rehabilitación para el drogadicto.

¿Cómo pretendemos que aniquilando a unos y favoreciendo a otros estamos amando la verdad?

El amor no se manifiesta odiando al enemigo, sino amándolo, porque el vence todas las limitaciones y deficiencias humanas. Nunca viviremos sin enemigos y jamás prevaleceremos sin amar de verdad.

El amor cubre multitud de pecados, porque siempre asiste al necesitado  y nunca pone por encima la satisfacción personal.


Por el pastor: Fernando Zuleta  Vallejo.

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