viernes, 29 de abril de 2011

EL NUEVO SÍNDROME DE EL ENCONCHAMIENTO

   La soledad es una de las secuelas directas de la multiplicación de la raza humana y del crecimiento incontenible de las ciudades; a principios del siglo XX la población urbana alcanzaba el 10% de la totalidad existente y el 90% era rural, para este momento las proporciones son inversas, el 90% vive en las urbes y el 10%, habita en los campos, ha habido un constante éxodo de los campesinos a las promisorias metrópolis. ¿Que ha causado este extraño fenómeno?
   Algunos opinan que se debe a las ofertas de trabajo y de empleo. A que las familias quieren estudiar y estando en la ciudad las oportunidades se multiplican. En otros casos los jóvenes son atraídos, como un imán al hierro por el encanto y fascinación que ofrece todo lo ignoto de la turbulencia de la agitada vida de sus habitantes. Muchos muerden el anzuelo de ofertas engañosas, que los proxenetas inescrupulosos les hacen de una vida de comodidad y lujo, terminando en esclavos sexuales de los que se habían ofrecido como adalid y salvador para sacarlos de la pobreza y la ignorancia. Otros quieren experiencias nuevas y ven la gran ciudad, con el embrujo y la magia de los cuentos de las mil y una noches.
   Téngase las razones que sean, la mayoría de todos los que llegaron con las valijas repletas de ilusiones, se despiertan de sus sueños de manera abrupta y mas rápido de lo que esperan a una cruda y descarnada realidad.
Se dan cuenta que la competencia por sobrevivir es una confrontación dura y dolorosa, donde los amigos son inexistentes y la fiereza con que se combate para conseguir los objetivos esta muy lejos del relax y quietud de los campos y la realidad presente nada tiene de alagûeña y grata. Allí se da inicio al vía crucis, comienza la angustia a oprimir, el recelo  va creciendo como las malas yerbas, sin necesidad de cultivarlo, ocasionando que haga la entrada triunfante el resentimiento, ahora la prioridad es la supervivencia,  las huellas que producen el resquebrajamiento moral se comienzan a mostrar y aquel rostro que fulguraba quietud y esperanza da paso a uno duro y huraño. El resultado, la desconfianza, da paso al enclaustramiento, no se entra en confianza con nadie, pues todos son enemigos potenciales y las relaciones se hacen superficiales y esporádicas, surge entonces como medida de protección el aislamiento y la soledad.
   ¿Solo en el medio de miles de personas que lo asfixian y le impiden el transito con libertad? ¡He ahí la paradoja! no esta solo, porque no hay gente al rededor de el, sino por que no tiene en quien confiar, entre los miles que le rodean nadie le inspira confianza, se coloca el escudo protector del escepticismo, determinando que la soledad es su único acompañante en el cual puede tener seguridad.
   Los bares y los antros de prostitución se hacen sus socios predilectos, allí el latrocinio es la carta de presentación y esto acentúa con mas rigidez el dispositivo de protección, que cada día como un barniz para preservar la madera, es echado en repetidas y permanentes capas sobre su magullada personalidad. La reacción instintiva para evitar ser defraudado es el ostracismo, dando origen a un nuevo síndrome, en nuestra ya abultada lista de síntomas y neologismos originados por las patologías traumaticas de la modernidad, con la espontaneidad  y coloquial forma de percibir las situaciones de los pueblos, lo han bautizado como el síndrome del enconchamiento.
¿De donde salio ese peculiar nombre? de la observación de los moluscos bivalvos, que cuando se sienten amenazados, reaccionan instintivamente cerrando herméticamente sus conchas y así conjurar el peligro que los acecha externamente. ¿No es sabio el pueblo? por supuesto que lo es y seria muy inteligente escucharlo y prestarle atención, eso nos libraría de muchos males innecesarios y de muchas sorpresas en el permanente movimiento de las masas en evolución constante.



Por el pastor: Fernando Zuleta V.
      

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