martes, 18 de noviembre de 2014

AYOTZINAPA



Conocí de la existencia de este lugar por la inusitada difusión del caso de los 43 normalistas desaparecidos recientemente, pero es indudable que lo que más hizo que le prestara atención fue la manera terrorífica y brutal como se produjeron los acontecimientos, de estos hechos trágicos y dramáticos podemos deducir la enorme descomposición moral, social y espiritual en que estamos inmersos.

Esta fatídica acción de grupos dedicados al exterminio de quienes representan una amenaza para sus intereses mezquinos y oprobiosamente desnaturalizados, nos tiene que llevar a una reflexión profunda y libre de auto-engaños y manipulaciones, para sacar la conclusión diáfana y real de la tremenda crisis de valores que está experimentando la sociedad contemporánea. Cuando el dios dinero reemplaza  a los sentidos y la sindéresis, se comienza el deslizamiento por el peligroso declive de la insensatez y se adentra en el peligroso túnel de la oscuridad mental y espiritual.

Si los interese personales y las apetencias egoístas son capaces de eclipsar la razón para dar paso a la manifestación de pasiones fuera de control estamos ante la presencia de la mas demencial de las enfermedades mentales y ante la horrorosa realidad del desquiciamiento general del la raza humana.

No existe justificación de ninguna índole para llevar a la práctica un crimen tan dantesco, planificado con asombrosa frialdad y ejecutado con tanta saña y violencia, los actores  intelectuales como físicos, cómplices y facilitadores de tan macabra y ominosa acción contra seres de su misma especie son peores que las bestias salvajes depredadoras, porque estas actúan por instinto y estos usan la razón y el conocimiento para realizar tan horrendo genocidio.

México, Latino-América y el mundo entero deben de estar de pie para rechazar con toda la fuerza de la pasión que produce estar ante la presencia de tan macabras acciones y el empuje de los sentidos, crímenes tan monstruosos que llevan la impronta de la impiedad  y delatan el deterioro moral y espiritual de estos grupos al margen de la legalidad que no se detienen ante nada ni nadie para conseguir sus metas marcadas por la ambición ilimitada y la propensión malsana de de acumular dinero y poder, sin importar el sufrimiento que acarrean a los que son víctimas de su desenfreno y maldad.

El gran Gandhi dijo: Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.

La palabra de Dios dice: quienes habiendo el entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Por el pastor: Fernando Zuleta V.










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