jueves, 7 de mayo de 2015

RECORDANDO A DHALAN ISAAC




Remonto el vuelo como el águila, dejando el mundo desgarrado por las heridas causadas por el odio, la ira, el resentimiento y toda vileza de que es capaz de albergar el corazón irredento de la humanidad.

Se fue intempestivamente, sin previa advertencia, escapando de la locura colectiva que ha contaminado esta tierra llena de la miseria y la depravación, que han amontonado generación tras generación en su ruta demencial al exterminio.

Su vida fue tan corta como el relámpago que hiere los aires en su estentórea y rápida travesía y cruza  la atmósfera enrarecida por  las poluciones emanadas de las mentes saturados por la pestilencia del pecado y la maldad; no tuvo oportunidad   de conocer la terrible degradación humana, ni el  sabor amargo de la tragedia, no termino su niñez y eso lo libro del temible engaño que produce la mentira y la hipocresía.

Fuiste siempre niño y los niños son felices, no porque no les falte nada, sino porque sus corazones, mentes y espíritus están cerrados a la vacuidad y a la tempestad de quienes ha alcanzado el conocimiento del bien y del mal

Pásate por este valle de sombra de muerte, sin que las asechanzas tenebrosas de las fieras destructivas del odio, el orgullo y la ingratitud pudieran hacer blanco en tu alma impoluta y cándida como lo manifestaba tu permanente sonrisa, libre de prejuicios y perturbaciones mundanales.

Si hay algo que mitiga y calma tu prematura ausencia es el recuerdo de quien eras: un niño, travieso, alegre y lleno de la confianza y la seguridad que solo da, el corazón sin mezquindad y el alma inmaculada de quienes por ser niños son dueños del Reino de los cielos.

No podemos decir que no hay sufrimiento por tu partida inesperada, pero si algo nos reconforta es que fuiste feliz en tu entorno familiar e hiciste feliz a quienes  disfrutaron de tu corto peregrinaje terrenal.

Por el pastor: Fernando Zuleta V.

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