Sucedió en el mío
Juan Bimba, tomo el mío en la estación del popular una tarde cuando el reloj marcaba las 2 pm, al ver la mayoría de los asientos vacíos, camino por el pasillo, en uno había unas gafas comunes y normales, las tomo pensando que un desprevenido usuario las había perdido, se acomodo en un asiento y se las puso para matar la curiosidad de como veía con ellas, lo primero que noto es que eran fotocromáticas, al pegar el sol de frente se oscurecían, teniendo una visión diáfana, cuando el vehículo se metió en el semi-tunel antes de llegar a la estación de la ermita, en ningún momento se opaco la luz, sino que siguió viendo con claridad absoluta, esto llamó con poderosa fuerza su atención y se dijo para sus adentros: a la verdad no son tan ordinarias las gafas.
Poco después una matrona entrada en carnes se acomodo a su lado y Juan experimento algo desconcertante e imprevisto, que lo hace quitar y poner las gafas en repetidas ocasiones, porque no entendía lo que estaba pasando, cuando miraba la mujer con los lentes puestos, la veía como una radiografía en colores, se los quitaba y todo era normal, lo probó por enésima vez hasta que se convenció de lo espectacular de sus lentes y vio las letras reflejadas en la parte lateral del vehículo que decían: hígado saturado de grasa, se cura con una copita de sumo de yanten sin azúcar todos las mañanas antes del desayuno por espacio de 15 días seguidos. Esto lo dejo turuleco, pasmado y sin aliento por un buen rato, respiro profundo y recobrando la compostura, se atrevió a iniciar una conversación con la doña y como quien no quiere la cosa hace la interpelación ¿ misia, disculpe el atrevimiento, Ud. sufre del hígado graso? añadiendo con rapidez, antes de que pudiera haber una reacción indeseada, es que tengo un gran remedio para ese mal y es gratis. La matriarca sorprendida, pero calmada le respondió: a Ud. si le creo, porque me descubrió el padecimiento sin saber en absoluto de ello y si eso paso, estoy segura de que habla la verdad.
Muy bien, solo necesita una copita de yanten en ayunas por 15 días consecutivos y dígale adiós al hígado graso, mantenga siempre la dieta baja en grasas saturadas y evite al máximo el consumo de frituras y condimentos.
Cuando llegaron a la estación del estadio, se apeo la doña, dándole gracias por la receta; al momento le hizo compañía un hombre delgado, enjuto, pálido y ojeroso de unos 35 años y aconteció igual, Juan Bimba ya con aplomo y seguridad, al hacerle la radiografía, descubrió de inmediato la causa de su aspecto lánguido y escuálida figura y sin protocolo le dijo: esa solitaria que tiene la aniquila de inmediato, tomando 5 cajas de zentel, una cada mañana en días sucesivos y en ayunas, ¿ como se dio cuenta de lo que tengo? Inquirió sorprendido el individuo, respondió Juan Bimba con autoridad, no es importante como lo se, sino que lo se y le estoy dando la solución a su padecimiento; el hombre respondió, tiene razón, hace 25 años que peleo con ese monstruo y a quien no he podido derrotar, si Ud. descubrió esa malhadada tenía, estoy seguro que me dio el remedio preciso, para acabar de una vez por todas con esa descomunal bestia.
Juan Bimba iba hasta la estación Capri, a visitar a unos amigos, pero este peculiar descubrimiento lo hizo cancelar el plan que tenia y se devolvió en otro mío, recetando a todo el que tenia la fortuna de sentarse a su lado.
A una chica que sufría disentería amebiana, tubo primero que darle una buena charla relacionada con distintas patologías y después le dijo: a mi me gusta ayudar a la gente y le voy a confiar un secreto y espero que si tiene la oportunidad de compartir con alguien, lo haga para darle sanidad de ese indeseable mal, comiendo carne soasada durante varios días en brasas y es infalible, ella pregunta y ¿para que enfermedad es esa receta?. Juan Bimba responde: para la disentería amebiana. La muchacha se tapa la cara con las manos, hundiendo su cara entre abdomen y piernas, Juan aprovecha y se baja con rapidez, pensando que podía haberse ganado unas cachetadas o unos cuantos carterazos o una ristra de insultos e improperios.
Este espectacular hallazgo tiene a Juan Bimba con un enjambre de ideas. Instalar el consultorio en los míos, pero no lo ve conveniente, porque aun no tiene mayores gastos, pero tampoco gana nada, los pacientes solo le dan las gracias y las gracias y buenos deseos no dan para vivir; trabajar en una clínica u hospital, tampoco puede porque no tiene titulo de matasanos, confiarle a un profesional de la salud el secreto y trabajar a medias, no lo considera plausible, porque el temor de ser sicariado por el socio para quedarse con las gafas y obtener todos los beneficios para el, esto lo desanima y lo hace desechar la idea.
De tanto cavilar en el asunto, tiene una idea que le abre las posibilidades de recibir todo el lucro para el solo. Se dice para sus adentros, el la casa donde vivo puedo poner una venta de yerbas medicinales y allí con mucho tacto iré haciéndome conocer en lo versado en las lides de experto yerbatero, hare esto lo mas secreto posible sin dar ninguna pista de como logro dar con las enfermedades y la cura, porque la envidia es peligrosa para la salud.
Dicho y hecho. En relativo poco tiempo, Juan Bimba es conocido como el sanalotodo del barrio y mas allá de las fronteras del vecindario, se hace real el proverbio: cría fama y échate a dormir. Los mas allegados lo llaman don Juan Bimba, otros menos conocidos lo califican como el Dr. Bimba.
Todo da un vuelco dramático cuando le traen un paciente con evidentes trastornos mentales y el Dr. Comienza a radiografiar el cerebro, no solo descubre que están rotas las conexiones eléctricas del cerebro, siendo la causa que altera su comportamiento convirtiendo al hombre en alienado mental.
En ese preciso momento se da cuenta que las gafas tienen otro poder fantástico que había sido ignorado, siendo muy superior al ya conocido, y es que tiene la poderosísima capacidad de leer los pensamientos, este nuevo descubrimiento hace que el mortal virus del orgullo se incube y creando la megalomanía en la mente de Juan Bimba.
Sus pensamientos superan la barrera de la sensatez y comienzan a rodar por el peligroso tobogán del endiosamiento.
Inicia la malsana perversión de leer la mente de sus pacientes y como diversión fatal a revelar los mas recónditos pensamientos de ellos.
La primera victima de tan grande poder es Petra, la mujer de un sargento de la policía, cuando ella va tratarse un problema de espolones, Juan Bimba, le dice que debe hacerle un mapa mental, para darse cuenta que relación tiene la mente con su problema físico y descubre que tiene programado un encuentro con su joven amante. Después llama al sargento y por una buena suma de dinero le da toda la información con pelos y señales. El sargento un hombre rudo pero sesudo, comprueba el echo, y despide a su mujer con las pruebas irrefutables de la infamia y se queda con la guardia y custodia de sus hijos. Un hogar roto y unos hijos que crecerán descompensados, con resentimiento hacía su madre, es el primero de todos los nefastos resultados de esta lengua viperina y mente carcomida por el amor al dinero.
En lo sucesivo sigue intercambiando información por el pérfido dinero y el sector se convierte en un infierno donde todo es chisme y habladurías. Cuando los necios tienen poder, convierten la tierra que pisan en pavorosos volcanes en erupción arrojando fuego piroclástico haciendo que su veneno mortal destruya y arrase todo a su paso, altamente contaminante y destructivo.
Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas ( pr. 18: 8).
A una chica que sufría disentería amebiana, tubo primero que darle una buena charla relacionada con distintas patologías y después le dijo: a mi me gusta ayudar a la gente y le voy a confiar un secreto y espero que si tiene la oportunidad de compartir con alguien, lo haga para darle sanidad de ese indeseable mal, comiendo carne soasada durante varios días en brasas y es infalible, ella pregunta y ¿para que enfermedad es esa receta?. Juan Bimba responde: para la disentería amebiana. La muchacha se tapa la cara con las manos, hundiendo su cara entre abdomen y piernas, Juan aprovecha y se baja con rapidez, pensando que podía haberse ganado unas cachetadas o unos cuantos carterazos o una ristra de insultos e improperios.
Este espectacular hallazgo tiene a Juan Bimba con un enjambre de ideas. Instalar el consultorio en los míos, pero no lo ve conveniente, porque aun no tiene mayores gastos, pero tampoco gana nada, los pacientes solo le dan las gracias y las gracias y buenos deseos no dan para vivir; trabajar en una clínica u hospital, tampoco puede porque no tiene titulo de matasanos, confiarle a un profesional de la salud el secreto y trabajar a medias, no lo considera plausible, porque el temor de ser sicariado por el socio para quedarse con las gafas y obtener todos los beneficios para el, esto lo desanima y lo hace desechar la idea.
De tanto cavilar en el asunto, tiene una idea que le abre las posibilidades de recibir todo el lucro para el solo. Se dice para sus adentros, el la casa donde vivo puedo poner una venta de yerbas medicinales y allí con mucho tacto iré haciéndome conocer en lo versado en las lides de experto yerbatero, hare esto lo mas secreto posible sin dar ninguna pista de como logro dar con las enfermedades y la cura, porque la envidia es peligrosa para la salud.
Dicho y hecho. En relativo poco tiempo, Juan Bimba es conocido como el sanalotodo del barrio y mas allá de las fronteras del vecindario, se hace real el proverbio: cría fama y échate a dormir. Los mas allegados lo llaman don Juan Bimba, otros menos conocidos lo califican como el Dr. Bimba.
Todo da un vuelco dramático cuando le traen un paciente con evidentes trastornos mentales y el Dr. Comienza a radiografiar el cerebro, no solo descubre que están rotas las conexiones eléctricas del cerebro, siendo la causa que altera su comportamiento convirtiendo al hombre en alienado mental.
En ese preciso momento se da cuenta que las gafas tienen otro poder fantástico que había sido ignorado, siendo muy superior al ya conocido, y es que tiene la poderosísima capacidad de leer los pensamientos, este nuevo descubrimiento hace que el mortal virus del orgullo se incube y creando la megalomanía en la mente de Juan Bimba.
Sus pensamientos superan la barrera de la sensatez y comienzan a rodar por el peligroso tobogán del endiosamiento.
Inicia la malsana perversión de leer la mente de sus pacientes y como diversión fatal a revelar los mas recónditos pensamientos de ellos.
La primera victima de tan grande poder es Petra, la mujer de un sargento de la policía, cuando ella va tratarse un problema de espolones, Juan Bimba, le dice que debe hacerle un mapa mental, para darse cuenta que relación tiene la mente con su problema físico y descubre que tiene programado un encuentro con su joven amante. Después llama al sargento y por una buena suma de dinero le da toda la información con pelos y señales. El sargento un hombre rudo pero sesudo, comprueba el echo, y despide a su mujer con las pruebas irrefutables de la infamia y se queda con la guardia y custodia de sus hijos. Un hogar roto y unos hijos que crecerán descompensados, con resentimiento hacía su madre, es el primero de todos los nefastos resultados de esta lengua viperina y mente carcomida por el amor al dinero.
En lo sucesivo sigue intercambiando información por el pérfido dinero y el sector se convierte en un infierno donde todo es chisme y habladurías. Cuando los necios tienen poder, convierten la tierra que pisan en pavorosos volcanes en erupción arrojando fuego piroclástico haciendo que su veneno mortal destruya y arrase todo a su paso, altamente contaminante y destructivo.
Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas ( pr. 18: 8).
La necedad, tiene como padre al contencioso y como madre al chismoso, la bendición si cae en manos del necio, la convierte en maldición.
Hay muchas cosas que el hombre de bien a descubierto para bendecir a la humanidad y el necio las a cambiado por oprobio y mal para los seres humanos.
¿ donde hallaremos al hombre prudente y sabio, que pueda hacer el bien sin que se infatué?
¿ donde hallaremos al hombre prudente y sabio, que pueda hacer el bien sin que se infatué?
Aquí en el popular, hay agitación, enemistad, pleitos, contiendas, hogares hechos pedazos, vidas destrozadas y amargas rivalidades.
El que descubre el secreto ajeno deja desnudo a su confidente.
El que descubre el secreto ajeno deja desnudo a su confidente.
Esta situación hace que un grupo de individuos, con antagonismos y diferencias se pongan de acuerdo, cuando la ira y el temor son superados por la capacidad de resistencia, hace que los mas acérrimos enemigos se pongan de acuerdo y en este contexto lo hacen y toman por asalto el consultorio de Juan Bimba, como su casa no tiene salida por atrás, al llegar la poblada al frente, no tiene vía de escape y entre acusaciones y gritos de muerte le tienden una asonada letal, los mas iracundos quieren hacerse justicia por sus propias manos, queriendo desollarlo vivo, Fulgencio un corpulento y energúmeno de 1,95 de estatura y unos 120 kilos de peso, se abre paso entre la vociferante multitud a empellones y tomando a Juan Bimba con sus poderosas manos, que parecen tenazas de acero lo levanta en vilo y entre la escaramuza ofensiva y defensiva, las prodigiosas gafas vuelan por los aires y como la atención esta centrada en Juan Bimba, caen y en la batahola son pisoteados y literalmente son hechas polvo.
Algunas mujeres inclinadas a la piedad convencen a los hombres que no lo linchen, que lo expulsen del barrio, con la advertencia lapidaria: ¡si vuelve a presentarse por estos lados a firmado su sentencia de muerte!. A empujones y maltrecho con algunos moretones, magulladuras y arañazos, es sacado en volandas, escuchando imprecaciones, maldiciones y palabras de grueso calibre, de esa manera es forzado a abandonar el vecindario.
Juan Bimba huye despavorido, perdió lo que representaba una fuente de felicidad para compartir con la humanidad, quedando en la inopia total, sin amigos, sin dinero, sin poder y mal recomendado.
Moraleja:
Quien no usa el bien que tiene en sus manos, para bienaventuranza ajena, el mal que alberga en su corazón, terminara destruyendo su vida y lanzándolo a los abismos de la desolación, Juan Bimba lo ratifica.
Por el pastor: Fernando Zuleta Vallejo.
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