miércoles, 12 de octubre de 2011

LOS ERRORES




Los errores son la manifestación mas contundente de que somos humanos, ellos despojan de la aureola que algunos tienen de que nunca se equivocan y siempre nos hacen poner los pies sobre la tierra cuando creemos haber vencido la ley de la gravedad y pretendemos volar como el mítico Ícaro, con plumas pegadas con cera en un armazón de madera que al calentar el sol se derretirá ella e irremediablemente  su final es una caída vertical imposible de detener y de consecuencias mortales.

Cada vez que nos equivocamos aprendemos la necesidad de aceptarnos como somos, sin resignarnos al conformismo fatalista de que nada podemos hacer para mejorar o cambiar los errores por los aciertos. Los errores nos enseñan a ser esforzados y valientes para hacer los cambios necesarios en todo aquello que necesite transformación y adecuación a la necesidad del momento.

Las equivocaciones son lo que más nos acerca a la condición de humanos, siendo la marca irrefutable de distinción personal imposible de evadir o refutar, saber que todo el mundo se equivoca no es un consuelo, sino una realidad tan contundente que no admite ni siquiera el beneficio de la duda.

Los errores son inherentes al ser humano, es decir por naturaleza están inseparablemente unidos a él, como la piel unida al cuerpo, que es el  órgano donde se encuentra el sentido del tacto, siendo el único que es imprescindible para vivir, se puede ser sordo, mudo, ciego, sin gusto, pero jamás sin tacto, sin sentir nadie puede vivir, sin errores no hay seres humanos sobre la tierra. No son casualidades, ni caprichos sino el resultado de ser humanos.

Cuatro cosas hacen iguales a todos los hombres sobre la tierra, que todos somos creación Divina, que todos somos terrícolas, que todos morimos y que todos erramos. Estas razones nos enseñan que somos iguales y no existe ningún motivo relevante para creernos mejores que otros, ni superiores a nadie. Tenemos un mismo origen, (Dios) nacimos en el mismo lugar, (la tierra) terminamos de la misma manera (morimos) y vivimos en las mismas condiciones (errando).

Cada vez que sintamos menosprecio por otro individuo nos haría mucho provecho pensar en estas cuatro condiciones imposibles de cambiar por medios naturales, siendo el sello permanente e irrefutable de nuestra condición humana.

"Cuando cometas un error es porque aun estas vivo, solo los muertos dejan de equivocarse". Es tan necesario errar que de otra manera, no encontraríamos el camino de la perfección, pues ella solo se consigue como resultado de la experiencia, que a la vez se adquiere por la sucesión de equivocaciones corregidas.

"Nunca le tengas miedo a las equivocaciones, el miedo  debe de tenerse a no usar la corrección, que es la que hace que los errores se conviertan en el impulso para conseguir el triunfo y la verdad que quieres descubrir". "El errar es inevitable, la corrección impostergable". "Todo el que anhele el triunfo hace del error un maestro, para que lo corrija en sus desaciertos haciendo que el camino quede libre para alcanzar el éxito".

Jamás el triunfo se ha conseguido sin antes pasar por la inevitable dureza del error, no existe la academia donde te preparen para no equivocarte y si la hicieran fracasaría estrepitosamente porque nunca graduarían uno solo con la garantía de la infalibilidad, sencillamente porque el hombre imperfecto no puede hacer hombres perfectos,  pero existe la universidad de la vida donde las equivocaciones te preparan para aprender de ellas y usarlas como puentes para llegar al final del objetivo programado.

No te desanimes por tus fallas, determina que serán mecanismos que permiten cambios radicales para conseguir la meta que te has propuesto, son necesarios los escollos en el camino así el triunfo será más meritorio y se apreciara con más intensidad, permitiendo que lo preservemos y cuidemos porque su consto implico sacrificio, dedicación y bastantes dificultades.

Cuando erres y veas adelante lo que te falta por recorrer, puedes mirar atrás y darte cuenta de cuanto has avanzado, cuanto has vencido y cuanto has corregido, entonces entenderás que no estás aquí para rendirte ni fracasar, sino para continuar y vencer. Los errores pueden usarse solo de dos maneras: te hundes en ellos, dejando que te entierren en el fango de la desesperación y te conviertan en un pelele que manipularan a su antojo o los enfrentas corrigiéndolos y convirtiéndolos en peldaños de una escalera que te conduzca a la cumbre de la libertad y el triunfo. ¡La elección es tuya!.

"Al hombre no lo hacen sabio los errores, sino la corrección que haga de ellos". "Cuando se erra simplemente estamos aceptando nuestra dimensión humana, cuando corregimos entramos el camino de ser sabios".

Si has llevado un camino equivocado toda tu vida, aun puedes corregirlo, JESUCRISTO es el camino, la verdad y la vida, porque fuera de Él, todos los caminos tienen un final trágico. ¡Tú decides!

Por el pastor: Fernando Zuleta V.




 









EL PERDON



El perdón es un mandato divino y no debe de ser tenido como una cualidad de las almas caritativas o bondadosas, a veces se confunde que el perdonar es la capacidad de individuos fuera de serie y de una estatura espiritual más elevada que la promedio de los mortales. El perdón es un atributo transferible de Dios, para que las personas puedan disfrutar de la paz espiritual y alegría y felicidad que se deriva de no tener nada contra nadie.

Una persona vive feliz cuando no tiene ninguna acusación pendiente contra otros, en otras palabras, a él nadie le debe nada, por lo cual no tiene preocupaciones que le quiten la tranquilidad, la peor rémora que arrastran los seres humanos es ser acreedores de deudas morales, es mantener la mente activa en busca de la fórmula para cobrar un agravio, la manera de pasar la factura o el mecanismo para resarcir una deuda pendiente. Esto no deja vivir a plenitud ni tener sosiego espiritual, por lo cual una existencia pensando en venganzas es una existencia triste y miserable.


La falta de perdón es una carga tan pesada que termina llevando al precipicio  o pasando por encima del que lo padece, ya que su poder y gran peso radica en que es auto-destructivo y al que mas mal le causa es al ofendido, porque concentra toda su furia y fuerza en la mente y el corazón, alienándolo hasta llevarlo a su destrucción total.

Cuando perdonamos las ofensas tenemos que hacerlo incondicionalmente, esto no está supeditado a condicionamientos de ninguna naturaleza, el verdadero perdón no incluye clausulas que lo invaliden, ya que no se trata de un contrato bilateral, sino de una decisión individual y no tiene que depender de terceros para otorgarse, ni de la aprobación y aceptación del beneficiado directo, el perdón simplemente se da, si otro lo quiere o no, no es asunto del que lo otorga, nadie está obligado a recibirlo, pero a todos se nos ordena darlo.

Lo más difícil del perdón es que no exige nada a cambio, por lo cual no puede esperar ni gratitud, ni transformaciones en el comportamiento del que lo recibe y no existen garantías de ninguna índole, no hay que oír o exigir promesas, en algunas oportunidades los ofensores piden el perdón, en la mayoría de los casos nunca, pero en ambas ocasiones estamos obligados a darlo.

Dar el perdón no depende del estado de ánimo de los individuos, de que se den condiciones especiales o que,  se presenten momentos oportunos para ello, sino de obedecer una orden irrevocable del Creador Supremo: ¡tienes que perdonar!

"El perdón no tiene fecha de vencimiento, ni contraindicaciones para revocarlo". Cuando se da el perdón no se vuelve a mirar al pasado, reviviendo en el presente la ofensa que nos hicieron, es algo que tiene que darse como finiquitado, esta humillación tiene que morir, ser sepultada y nunca más desenterrarse para revivirla bajo ninguna pretexto. No está permitido al que ofrece el perdón traer a la vida los muertos de un pasado que solo contribuirán a agregar dolor e infelicidad a quien no pueda poner una barrera infranqueable entre el pasado y el presente.

El perdonar no exige resarcir los daños causados por las faltas, al contrario no reclama reivindicaciones de ninguna naturaleza, porque no está basado en obtener prebendas, sino en darlo sin condiciones, ni limitaciones, por tal razón no se obtiene por meritos, el perdón no hay manera de ganarlo, el que lo quiera dar, lo da sin pedir nada a cambio y el que lo quiera recibir lo recibe solo dando el asentimiento.

Los sentimientos no son los que guían a dar el perdón, de otra manera nadie perdonaría, porque para ser sinceros nadie siente perdonar, lo que pasa es que existe una ley universal y absoluta establecida por el Único Juez Justo del Universo: el que no perdona, no puede ser perdonado.

Al perdonar no podemos medir el tamaño de la ofensa, la gravedad de ella, el tiempo que haya durado, ni los daños que causo, solo debemos perdonar y jamás traer al presente el recuerdo de la ofensa al ofensor, si tu le recuerdas las ofensas, tus heridas están abiertas y no has sanado, en ese caso tu no disfrutas de buena salud espiritual, ni de la armonía de una vida sin resentimiento.

Cuando decidimos perdonar no tenemos en cuenta nuestra capacidad de hacerlo, ni nuestro gran corazón, sino una demanda del Creador imposible de desviar, desvirtuar, omitir, cambiar, tergiversar, anular, pasar por alto, ignorar o simplemente disimular, porque no existe manera alguna de alterar, ya que es un decreto del Gran Rey registrado en su palabra, la cual tiene como sentencia inalterable: el cielo y la tierra pasaran, pero mis palabras no pasaran.

Por el pastor: Fernando Zuleta V.





miércoles, 5 de octubre de 2011

EL RENCOR



Este pérfido sentimiento es tal vez uno de los más comunes en los individuos, difícil de erradicar, de rechazar y de eliminar, por la sencilla razón de que tiene que ver directamente con doblegar al terrible orgullo, el rencor es un resentimiento atroz contra otros, porque nos han hecho cosas desagradables, por ofensas, deslealtades, traiciones, engaños y toda una ristra de cosas que juzgamos intolerables e inaceptables.

Una de las fallas mas estrepitosas del rencoroso es que es implacable con los que le faltan o fallan, pero reclama indulgencia cuando él, comete el error, podemos ver el terrible contraste en que se debate permanentemente, vive en polos opuestos, en el de la inflexibilidad, cuando el resulta el agraviado y el de la lenidad cuando comete la equivocación. Está dualidad de carácter es la demostración clara de que no tiene capacidad de ser integro, razonable y honesto, cosas que lo hacen permanecer en un estado de amargura permanente.

Una cosa integra esta completa, el rencoroso está dividido por lo cual sus actuaciones resultan perjudiciales y contraproducentes, al no tener la capacidad de obrar razonablemente y menos con honestidad. La ambigüedad en sus acciones lo conduce a claudicar ante lo malo cuando se encuentra en la encrucijada de decidir entre el bien o el mal.

La tragedia más brutal con que tiene que convivir todos los días el rencoroso, es la incapacidad de perdonar las ofensas, el que no puede perdonar al ofensor sufre la permanente angustia de un sentimiento que le devora las entrañas, es como un fuego interno que lo consume, sin la capacidad de eliminarlo y sin medios para apaciguarlo, es como arder en una hoguera perenne, donde ni se acaba el fuego, ni se termina de morir el que está ardiendo en ella.

Esta horrorosa pesadilla, no solo te deteriora la moral, sino que te destruye el espíritu y te enferma físicamente, muchas patologías inexplicables medicamente tienen su origen en el resentimiento y por ser algo puramente espiritual, la mejoría o la sanidad nunca se lograra por medios científicos, sobre lo espiritual no hace ningún efecto lo natural.

El mayor sufrimiento moral de un ser humano no es saber que lo odian, el puede vivir con eso sin sufrir ninguna consecuencia trágica, sin enfermarse ni física o espiritualmente y terminar la vida relativamente feliz, pero cuando el rencor es lo que esta dentro de el, es como una herida que nunca cicatriza y cada día la infección se agudiza hasta ser crónica y sin oportunidad de sanar. Esta herida abierta no puede cerrar porque cada recuerdo ingrato de lo que le hicieron la hace más profunda y más extensa y su dolor mas fuerte e intolerable.

El rencoroso no perdona porque él ve el perdón como una debilidad de carácter y no como una de las grandes virtudes de los humanos, piensa que si perdona va ha ser tenido como poca cosa y se convertirá en un hazmerreir de los demás, asocia el perdón con defección y vulnerabilidad, de manera que se pone la coraza de la intransigencia y la armadura de la tozudez, se cierra hermética y automáticamente como las valvas de los moluscos bivalvos cuando se anuncia peligro, ante la posibilidad de razonar y cambiar de actitud, con individuos de esta condición no es aconsejable usar la suplica y el ruego, porque el ánimo vengativo se intensifica tomando la ocasión como una oportunidad para hacer su propia justicia y causar todo el daño que sea posible a la victima de turno.

El rencor surge como una grande barrera en la vida emocional y espiritual para tener buenas relaciones con los demás y especialmente con El Creador, el rencor es tan perjudicial para la salud espiritual, que Nuestro Señor y Dios en su soberanía establece que el que no perdona no puede ser perdonado y el rencor es el primer impedimento para perdonar, si padeces de esta patología espiritual, no tienes opción o la abandonas o nunca encontraras perdón en los hombres y menos en DIOS. ¡Púes es decreto divino y no puede ser revocado!


Por el pastor: Fernando Zuleta V.



    





lunes, 3 de octubre de 2011

LA DESIDIA



La desidia forma parte del arsenal negativo que tenemos los seres humanos, es la propensión desafortunada de no prestarle atención a lo que está pasando, estamos haciendo o es necesario hacer, una muestra permanente y que en nosotros es una ley, no escrita, pero si autentica y real, es la falta de mantenimiento de todo lo que realizamos como obra física.

Cuando se construye una obra, cualquiera que sea, tiene que estar implícito el sostenimiento, esto presupone que en el financiamiento debe también presupuestarse el mantenimiento, porque la permanencia, el beneficio y la durabilidad de ella, no depende de lo bien que se hizo, sino de la atención y el mantenimiento que se le preste desde el mismo momento en que entro en servicio activo.

Esta enquistada malformación parece algo congénito, la combinación de factores y la mezcla de razas aparecen como el más sospechoso de los motivos para que tengamos esa inclinación a dejar todo en el abandono, no solo lo físico o material, sino también lo espiritual que en este caso sería lo peor de todo.

Uno de los más emblemáticos casos es el de la estructura física de los planteles educativos, se construyen, se inauguran con bombos y platillos, este acontecimiento es acompañado por la prensa escrita y los demás medios de comunicación incluyendo la televisión, se corta la cinta, se dan los discursos del caso y chao. Cuando volvemos a escuchar noticias del lugar es por algo fortuito y generalmente no grato, ni placentero, sino para informar que lo desvalijaron los vándalos, que está abandonado y convertido en una ruina y que no se le ha hecho un cariñito desde que entro en servicio.

Cuando finalmente se atiende, ya no es mantenimiento lo que se hace, sino reestructuración, que no es otra cosa que volver a hacer nueva la estructura y por supuesto los costos son más elevados y el tiempo y la inversión más onerosos.

Una vez se encontraron dos conocidos a la entrada de un taller mecánico, uno iba en su carro último modelo y el otro extrañado le pregunto ¿Ya te está fallando el vehículo? Agregando a continuación: ¡hay que ver que lo que hacen hoy en día no sirve para nada! El aludido respondió: no chico nada de eso, simplemente lo traigo para hacerle mantenimiento. El otro riposto: yo creía que era el carro el que estaba mal, pero me doy cuenta, que el que está mal eres tu ¿Cómo se te ocurre traer un carro nuevo y sin estar fallando a un taller? Así es el concepto que mayoritariamente tenemos de la prevención y el mantenimiento en buen estado de las cosas. Por eso cuando se descomponen es más fácil desecharlas que recuperarlas y más caro arreglarlas que comprarlas nuevas.

Lamentablemente esto no sucede solo con lo material, sino también en todas las latitudes. Es muy frecuente en los matrimonios, después que les costó un ojo de la cara y parte del otro llegar a el, convencer a los suegros de ambos, la familia, conseguir donde vivir y hacer la gran celebración, se olvidan ambos que se necesita atención mutua, dialogo constante, cambios necesarios, adecuación a los criterios personales, tolerancia y una renovación permanente de la vida espiritual que es la que le da bases firmes y estabilidad permanente a esa unión. Finalmente cuando surgen las dificultades no hay de adonde agarrarse para no rodar, el desmoronamiento se hace inevitable.

La negligencia derrota a las fuerzas más poderosas, ella va carcomiendo los cimientos y por fuertes que sean si se dejan en el abandono terminaran siendo derruidos y derribados. Nunca descuides lo que tienes, que nunca se sabe si lo vuelves a conseguir, a veces pecamos por omisión, dejando de hacer lo que teníamos obligación de hacer y eso no es otra cosa que desidia al por mayor, cuando te falten las fuerzas recuerda que todo lo puedes en CRISTO que te fortalece, pero nunca dejes de hacer lo que es necesario hacer.


Por el pastor: Fernando Zuleta V.



domingo, 2 de octubre de 2011

EL ORGULLO


 

Uno de los mas fuertes sentimientos de la raza humana se llama el orgullo y de una manera u otra es el mal de todos, porque honestamente creo que nos toca a todos, lo que pasa es que algunos lo disimulan mejor que otros y un elevado número ni se preocupa por ocultarlo, además que permanentemente  se insta desde todas las latitudes  a sentirse o a ser orgulloso. Parece que se le considera como un gran atributo y no como una devastadora debilidad, tal vez esta es la causa por la que se promociona tanto, llamando reiteradamente a las personas a que lo sientan, lo vivan, lo practiquen y lo usen como un aguijón para obtener resultados.

"Entre todos los vestidos que yo he visto poner al orgullo, el que más me subleva es el de la humildad". (Henry Mackenzie)

Es indudable que se confunde con términos como dignidad, honor, responsabilidad, deber, obligación, patriotismo, integridad, competencia, actitud, tesón, habilidad y tantos otros que son edificantes y enseñan virtudes y cualidades, con el detestable orgullo que es una debilidad del carácter y una flaqueza del alma.

"Nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos" (Esopo)
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El orgullo es una fuerza inconmensurable de las bajas pasiones, se sabe que fue la causa de perdición del querubín protector y seguirá siendo el motivo de la perdición de todo aquel que lo deje engranar en sus sentidos haciéndolo compañero inseparable en la ruta y los giros de la vida.

"Si eres orgulloso conviene que ames la soledad; los orgullosos siempre se quedan solos". (Amado Nervo)

Este malhadado y pertinaz acompañante no respeta ninguna condición ni posición humana, en ese sentido no es selectivo, sino inclusivo y se adueña por igual de los sentimientos de todos los que se lo permitan, ocasionando daños personales y siendo un instrumento para rechazar, menospreciar y destruir a terceros. El eleva el ego natural hasta llevarlo a los extremos perjudiciales del egocentrismo.

"Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas. (Oscar Wilde)

Esta defección del carácter humano está íntimamente relacionada con una incapacidad de tener equilibrio y sobriedad y ante la imposibilidad de ser ecuánime se inflama el ego llevándolo al peligroso terreno de considerarse superior a los demás, de imprescindible en el lugar que esta, de irreemplazable en la tarea que hace y de insuperable en el rol que desempeña, como podemos ver no es muy grato convivir con personajes que estén inmersos en esta condición.

"Aquel que es demasiado pequeño tiene un orgullo grande". (Voltaire)

Las personas deben tomar precauciones para no caer enmarañados en sus tupidas redes, porque lo fácil es caer lo difícil es salir, la soberbia es la corona del orgullo, la auto-suficiencia es su consigna, la altivez su consorte, el endiosamiento su más fuerte debilidad, el engreimiento su desventurado gemelo, las ínfulas de grandeza su combustible, la vanidad su alimento espiritual, la pedantería su compañera permanente, la presunción el aliento de su vida, la arrogancia su estilo inconfundible, la petulancia su traje de presentación y finalmente el narcisismo su perdición.

De esta condición humana dijo el filósofo Sócrates: "El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir".


El orgulloso no admite equivocaciones, no acepta errores y se vanagloria de que todo  lo hace bien, por lo cual toma el camino irreal de la infalibilidad, la prepotencia no le deja opción a las fallas de otros, pero cuando él se equivoca recurre a la simpática frase del chapulín colorado: "lo hice intencionalmente, todos mis movimientos están fríamente calculados". 


Como es una inclinación pervertida, que esta internamente, enraizada profundamente en los sentimientos, no pude combatirse con armas humanas, ni naturales, solamente las espirituales serán efectivas y esas solo las tiene El Señor y Dios Nuestro: JESUCRISTO que con toda autoridad, nos ordena: "aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón".


Por el pastor: Fernando Zuleta V.





viernes, 30 de septiembre de 2011

LA ENVIDIA

La envidia siempre ha sido un pésimo acompañante de los seres humanos, rechazado, señalado, indeseado y catalogado como una de las inclinaciones más perversas en los individuos, visto como una escoria y registrado como un defecto funesto por propios y extraños, hasta llegar a menospreciar al que la sufre por ser una debilidad extrema del carácter humano, pero ningún epíteto por peyorativo que sea, a ocasionado que pueda ser erradicado del arsenal maléfico que componen todas las bajas pasiones y los defectos más mórbidos del homos sapiens.
La envidia es la propensión malsana de tener lo que otros poseen, desear con una intensidad tan profunda las cosas ajenas, que esa ansia desmedida raya en la obsesión, llegando a constituirse en una sicopatía que sobrepasa todos los límites de la ponderación y la sindéresis.
Esta enfermedad espiritual arrastra al que la padece a vivir una tragedia cargada de angustia por no poseer  lo que otros tienen, procurando obtenerlo sin tener en cuenta los males que le puedan causar a terceros, ya que su cuadro sintomático, no es solo por tener lo de otros sino también hacerles daño al quitarles lo  que tienen, sin importar los métodos, muchos han llegado a los extremos de planificar  la aniquilación física y aun el asesinato de otros con el fin malévolo de quedarse con sus posesiones, esta perversa patología tiene otro problema conexo con los que la padecen y es que es auto-destructiva, por cuanto el vivir amargado viendo las posesiones de los demás lleva al individuo a estar en una situación de zozobra permanente, lo cual crea un estado paranoico.
La envidia mata dice el refranero popular, esto es sacado de las entrañas del común del pueblo, que entre otras cosas es muy sabia en sus juicios y percepciones y está completamente alineado con la realidad, ya que esta malsana emoción va minando la resistencia paulatina pero sostenidamente hasta acabar con todo vestigio de capacidad de aceptación de las condiciones individuales, erosionando la salud mental y física.
Se hace inexplicable que emociones tan pervertidas como la envidia sean una característica de un número gigantesco de los humanos, teniendo el conocimiento pleno de que las posesiones materiales solo sirven para fines terrenales y no tienen la mínima incidencia en la eternidad.
Siempre ha habido una inclinación maligna a realizar lo dañino y perjudicial, las fuerzas siniestras, así como el polo magnético de la tierra atrae todo material ferroso, ellas ejercen la misma fuerza y presión sobre los individuos para arrastrarlos a las enfermizas pasiones auto-destructivas, siendo una de ellas la ingrata envidia.
La envidia odia el triunfo de otros y detesta el avancé y el progreso de los demás, parece que es incapaz de conceder méritos al triunfador y siempre se abate entre la tragedia y la desventura, el envidioso tiene el alma corroída por el resentimiento y los sentidos alienados por ver el éxito que le sonríe a sus correligionarios.
El que vive para envidiar muere todos los días viendo la superación y la consecución de los logros ajenos, es incapaz  de disfrutar la alegría de las conquistas foráneas y cada vez que otro escala posiciones sufre en carne propia la laceración de su cuerpo,  convirtiéndolo en un castigo que flagela todo su ser. Un envidioso es digno de conmiseración. Se auto-castiga y se destruye así mismo.
La envidia es como un fuego inextinguible que devora las entrañas inmisericordemente, es llama abrazadora que envuelve todos los sentidos sometiéndolos al terrible tormento de estar en una hoguera en combustión permanente, se asemeja a las rocas ígneas alimentadas en las entrañas de los volcanes que su incandescencia nunca termina.
Todas esas terribles ascuas de fuego que amenazan con consumir hasta convertir en rescoldo y cenizas todo tu ser, solo pueden ser apagadas por el que tiene poder contra todos los elementos conocidos y por conocer y su nombre es JESUCRISTO.

 Por el pastor: Fernando Zuleta V.







  

 

LA CODICIA



Es posible que las fuerzas gravitatorias incidan profundamente en el comportamiento del género humano, el ciclo interminable de la tierra girando sobre su propio eje, realizando la rotación perenne para originar el día y la noche o su movimiento de translación al rededor del sol para crear el año, sean causas de mucho peso para que nosotros estemos en un  círculo vicioso que nos impide alterar el comportamiento. Estamos habituados a estar en estas circunstancias y muy posiblemente eso es lo que nos ate tan poderosamente a lo terrenal.
Se hace inexplicable que emociones tan nocivas como la avaricia sean el bagaje que identifica a muchos seres humanos y que aun teniendo el conocimiento de lo perjudicial que es no hagamos ningún esfuerzo por combatirla y nos adaptemos a convivir con ella en un compadrazgo desafortunado y descarado.
Me parece que la gravedad pasa de largo la influencia sobre la materia manteniéndola sometida con su descomunal fuerza, influenciándonos de tal manera que nos negamos a buscar las fórmulas para vencerla y subyugarla, claudicando y adaptándonos a seguirle el juego de vivir en sus orbitas permanentes y monótonas; tratando de explicar este fenómeno de la codicia creo que la fuerza gravitacional tiene mucha incidencia, porque la avaricia se centra en tener sin límite alguno posesiones terrenales y esa inadecuada propensión a poseer todo lo material, nos indica que no estamos interesados en abandonar esta morada terrenal y por tal razón nos aferramos con todas las fuerzas a todo lo material y así le damos todos los elementos y las armas para que nos someta y mantenga bajo su poder e influencia a la materia.
Cuando vemos la hambruna que está aniquilando a millones de personas alrededor del mundo y los muertos provocados por la inanición que se cuentan por millares diariamente, nos preguntamos ¿para que acumulan tanta riqueza  los gobiernos de los países desarrollados, las grandes transnacionales, los grandes emporios económicos y los ambiciosos ricos si todo esta signado para el fin?
Cada vez que un acaudalado muere también muere con el su riqueza, porque hasta su cuerpo sufre la descomposición, ya que es simple materia y aunque es verdad que la materia no desaparece sino que transforma, su fin es volver a ser lo que originalmente fue, polvo de la tierra.
Me acuerdo que los tiempos de la llamada guerra fría, cuando existía la muy alta posibilidad de una confrontación nuclear entre la extinta URSS y Estados Unidos se publicó en un periódico norteamericano los datos del refugio antinuclear a donde seria enclaustrado el presidente de turno en caso que se desencadenara la esperada locura de la guerra nuclear, haciendo unas lista de todas las provisiones para la supervivencia, entre ellas destacaba unos cuantos millonsejos de dólares y a la pregunta de¿ para que ese dinero?, un periodista dijo sarcásticamente: para cuando se acabe la comida se hacen emparedados y enrollados de dólares.
“La riqueza material es el más poderoso y grande espejismo existente sobre la tierra”, deslumbra, atrae como un potente imán, seduce sin contemplación, somete sin limitaciones y arruina espiritualmente sin misericordia ¿Cuál es el fin que persigue? No hay otro que ejercer el poder y el dominio sobre otros. “Muéstreme una guerra en la historia de la humanidad que no haya tenido como centro gravitatorio el deseo de someter y dominar y le mostrare un rico en bienes materiales que le hayan acompañado al viaje sin retorno a la eternidad. En ese único sentido a girado todo el anhelo de riqueza de los seres humanos: poder-dominio-sometimiento.
Muchos pueblos de la antigüedad y seguramente bastantes del presente, como los egipcios para citar solo uno específicamente, tenían la creencia de que a los muertos había que enterrarlos con sus pertenencias para que las disfrutaran en el tránsito en las moradas sin retorno, de eso se beneficiaron grandemente los inescrupulosos saqueadores de tumbas, permaneciendo intactas las momias por milenios, pero los tesoros se los cargaron los depredadores sin ningún pudor ni sentimiento de culpa, porque con toda seguridad ellos entendían que los muertos nada saben, ni de aquí ni del más allá. Caso particular fue el de Tutankamon porque fueron preservados sus objetos de valor, pero la momia no se benefició de ningún bien material durante todos los siglos que le acompañaron en la oscura mastaba que le sirvió como sepultura. “Muéstrame una guerra sin el propósito de someter y le mostrare una momia que allá disfrutado de los bienes materiales que le acompañaron en su sarcófago”.
El problema de la codicia no se origina por el hecho de desear tener los bienes materiales necesarios para la subsistencia, sino en querer acaparar en cantidades cada vez mayores objetos y bienes materiales que son innecesarios y que solo obedece al deseo incontrolado de acumulación de riqueza.
Esto despierta una pasión anormal que impide que halla satisfacción con lo que se posee y espolea el instinto perverso de dominio que originalmente fue otorgado por la Providencia Divina, para que el hombre fuera el rey de la creación y tuviera todo bajo su control, pero al hacerse transgresor de la ley le dio un viraje de 180 grados convirtiéndolo en una arma auto-destructiva  y tomando una dirección equivocada y contraria, la apunto contra sí mismo erigiéndose en señor del hombre y decidió equivocadamente usar el mandato de someter y subyugar a la creación, dirigiéndolo contra sus semejantes.

Ahora bien como las riquezas corrompen muy fácilmente al hombre natural, por cuanto está bajo el sometimiento de las leyes de la naturaleza, porque ha sido incapaz de someterla como le fue ordenado y ella ha ganado ventaja sobre él, no tiene ninguna resistencia espiritual, haciendo las cosas propias de lo que es natural, se somete a sus dictámenes y vive y actúa en su esfera puramente material. Una de esas consecuencias es la avaricia que cada día recibe nuevos estímulos desarrollando más avidez por tener posesiones terrenales.
La codicia es un foso sin fin y nada de lo que logre va a satisfacer el ansia permanente de tener más, de allí que el que este contaminado con esta calamitosa plaga viva en una horrenda pesadilla.
Como no se puede combatir con elementos naturales, la solución es netamente espiritual y solo se obtiene yendo al que la puede otorgar Y se llama JESUCRISTO. 
Por el pastor: Fernando Zuleta V.